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Por fin alcanzaron una estancia,
con una silla, un perol y mucho hollín
y con las paredes mugrientas
y con un asqueroso candil.

-Esa perola que hierve-
dijo el dragón escupiendo sin parar-
está aguardando por una niña
que Flor bien se podía llamar

-Aguarda no te apresures-
dijo la joven secándose el sudor-
pues cuando te entregue mi regalo
ya no querrás cometer tal horror.
Desearás una sopa jardinera,

con guisantes, zanahorias y una col
y me invitarás a un buen plato
y después lavarás el perol.

Muchas dudas abrigaba,
el perversísimo dragón,
de que un simple regalo lograra
cambiar su brutal condición.

Mas la intriga le carcomía
y le cortaba la respiración
y cuando quería vomitar llamas
solo le brotaba un fastidioso vapor.

-¡Vamos al grano niña!
¡Qué ya no me puedo aguantar!
¡A ver ese artefacto precioso
que me vas a regalar!

Flor ocupó la silla,
cercana al sucio perol
y con calma simulada,
sacó el regaló del zurrón.

               4


Un rectángulo de piel
en su regazo acomodó.
Tenía pastas y hojas.
Era un libro ¡Si, señor!

¡Grrrr!- rugió el dragón enfadado
contemplando la traición.-
¿Con esta birria de regalo
intentabas calmar mi mal humor?

Pues ahora estoy hecho una fiera,
estupidísima Flor,
y como el agua está aun hirviendo,
te voy a sumergir en el perol.

La niña aterrorizada,
abandonó la silla de un salto.
Busco por los alrededores
un lugar donde ponerse a salvo.

Pero la caverna maldita
estaba muy bien diseñada.
¡Ningún rincón donde ocultarse!
¡Ninguna rendija! ¡Nada!

Solo le restaba hablar
si quería salvar el pellejo,
intentar convencer al dragón,
dejarlo con palabras perplejo.

-¡Escucha, amable dragón!
Escucha lo que te digo.
El regalo que te traigo
es digno de estar contigo.

Es un maravilloso libro
de cuentos de tus congéneres
entregado a mi padre
por un duende muy sui generis

Era un duende peligroso
porque tenía dos cuernos
y lucía un extraño rabo
y aborrecía los cuentos.

En premio a la ayuda
que mi padre le había prestado,
le entregó este excelso volumen
que contagia paz al ojearlo

El humeante dragón
arrancó el libro a la niña
y las páginas pasó
calmando un poco su ira

Pero cuando remató
este sencillo ojeo,
otra vez se enfureció
y berrreó como un poseso.

-¡Las fotos son muy bonitas!
¡Mas a mi no me gusta leer!
Y aunque hable de otros dragones,
es muy gordo ¡Jamás lo terminaré!

Flor pensó muy aprisa.
Su mente comenzó a trabajar
y con una amplia sonrisa,
se precipitó a declarar:

-No te preocupes por eso.
Yo no tengo nada que hacer.
¡Te ofrezco mis servicios!
¡Estos cuentos te puedo leer!

El dragón se lo pensó un rato.
No era fácil de convencer,
o bien escuchaba el relato,
o se comía a Flor de una vez.

-¡Bien, pienso que no hay problema
por demorar la comida,
sino me gusta el relato
de un bocado te meto en mi tripa.

-¡Glup!- dijo Flor asustada.
Como el cuento fuera un rollo
No tendría escapatoria
¡Y estaría acabada!

Haciendo acopio de fuerzas,
la garganta aclaró,
se pasó la mano por la frente
y puso dulce la voz.



Con una sonrisa en los labios
y una lágrima en el corazón,
abrió la portada del libro.
Esta historieta leyó.



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