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-¡Bravo, bravo, bestial!
Esto si que es un relato.
Con un grandioso final,
con intriga y con encanto.

Puedes continuar
con la siguiente historieta.
Por el momento no te comeré,
me freiré una croqueta.


Flor resopló hondo
algo más aliviada.
¡Con otro relato morboso
seguro estaría salvada!

Un dragón aseado

Érase que se era
una verdadera rareza,
un dragón muy aseado
dedicado a la limpieza.

Cada día amanecía
cuando salía el sol
y la cocina restregaba,
los cuartos adecentaba,
el baño siempre fregaba
y pasaba la escoba al hall.

Si se requería planchaba
y también almidonaba.
De vez en cuando lavaba
toda la cristalería.
Bordaba, calcetaba y cosía.
y si aun le sobraba tiempo,
hacia un poco de cemento
y arreglaba cañerías.

Pero una mañana aciaga,
cuando se despertó,
sintió que no le apetecía
hacer lo de todos los días,
ni siquiera cocer las judías
y en su silla se sentó. Cuando regresó su familia
de los quehaceres diarios,
se encontró sin comida,
con la casa patas arriba,
y con el dragón descansando.

-¿Donde está la comida?-
gritó la dragona indignada.
¡No has limpiado la cocina!
¡No has preparado nada!

-En eso tienes razón,
dragona, esposa querida.
Hoy los niños y tu,
comeréis de pizzería.

-¡Pero habrase visto este dragón,
que cara más dura tiene!
Se sienta en el butacón
y ni siquiera nos atiende.



-Al fin tenía que llegar
el día en que esto acabara.
Tu te sientas a leer
en nuestra mejor butaca,
me pides las zapatillas
y raras veces me hablas.

Los niños llegan del colegio
y se meten en sus cuartos.
Todo lo desordenan
y jamás se les ocurre arreglarlo.

¡Esto tenía que acabar,
más pronto o más tarde!
O os disponéis a ayudar
o me marcho con mi madre.

El dragón muy decidido
este ultimátum lanzó.
La dragona miró a los hijos
y sin más remedio aceptó.

-Está bien, querido mío,
te ayudaremos ahora
y para el día del padre
te compraré una lavadora.



CONTINUARA...


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