Distribución de la vegetación en la provincia de Teruel.
Flora en Aragón.
En la provincia de Teruel, la vegetación se encuentra en una fase regresiva, a consecuencia de la acción del hombre. De hecho, el 30 % de la superficie provincial se identifica con tierra labrada para el cultivo, mientras que del resto, casi el 60 % está cubierto por un pastizal-matorral, resultante, en buena parte, de la degradación de las formaciones originales. En definitiva, sólo el 26 % de la provincia corresponde a superficie arbolada con especies forestales, entre las que predominan las coníferas, en importante proporción de repoblación o propiciadas por la destrucción de antiguas masas de frondosas. Se localizan sobre suelos profundos y poco lixiviados, constituyendo una importante riqueza potencial para los municipios de las altas sierras.
En Teruel, dentro de un dominio climatico de montaña media mediterránea continentalizada, aparecen representadas las siguientes formaciones vegetales escalonadas:
La estepa, más o menos abierta, formada por tomillos, aliagas, ontina, esparto, capitanas, sisallo, etc., propia de las condiciones climáticas semiáridas y de los suelos esqueléticos, a veces alcalinos y salinos, de la Depresión del Ebro.
La garriga de coscoja o lentisco, con pinos carrascos diseminados, por debajo de los 400-500 metros.
El carrascal arbustivo, con sotobosque de gayuba, coscoja o enebro, que se extiende por las depresiones y asciende en las estribaciones serranas hasta 1.200-1.300 metros, bastante degradado y muchas veces convertido en una garriga o estepa de tomillos, romero y espliego.
El quejigar, que únicamente se conserva localmente, pues ha sido sustituido por pinares de pino rodeno con jaras sobre areniscas y de laricio sobre calizas, hasta 1.300-1.500 metros, e incluso por un matorral abierto de enebros y erizón sobre las descarnadas calizas de las superficies de erosión.
El sabinar, en las parameras calcáreas de extrema continentalidad, a la misma altitud.
El marojo, sobre materiales silíceos de la Sierra de Albarracín, que asciende hasta los 1.600 metros, sustituido por pinares albares.
Por encima de 1.500-1.600 metros dominan los pinares silvestres o albares, con boj o con sabina rastrera sobre calizas o con sotobosque de marojal sobre cuarcitas y pizarras. Especialmente famosos por su belleza y productividad son los pinares de los Puertos de Orihuela, en la Sierra de Albarracín.
Como hecho destacable se puede señalar la presencia de pino negro en las cumbres de Gúdar, en torno a los 1.900-2.000 metros, bien adaptado a la fuerte innivación y fríos invernales, que se considera una especie de reliquia de etapas más frías del Cuaternario.
Por último, acompañando a los ríos, existen las típicas formaciones de ribera, formadas por álamos, chopos, olmos, fresnos y sauces, de mayor o menor extensión en función de la importancia de los valles. Sobresalen por su vistosidad y valor económico las choperas del alto Jiloca.