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A diferencia del resto de los pintores GOYA no va a reflejar en estos grabados batallas militarmente compuestas,
correctamente ordenadas, hay más bien en estas láminas una cierta reiteración de temas.
En ocasiones son incidentes de
lucha cuerpo a cuerpo, o brutalidades y represalias cometidas por uno y otro bando (2), (28); en otras, es la barbarie, las
bestialidades (37), (39), que tanto historiadores franceses como españoles registraron en las memorias de su época.
Hombres y mujeres anónimos fueron los auténticos protagonistas de estos grabados. Las mujeres, a su vez,
desempeñaron un papel importante dentro de la guerra. Y así lo hizo constar GOYA en varias escenas de esta serie, en las
que llegado el momento (7).
El pintor de Fuendetodos quiso, asimismo, recalcar el cariz de las víctimas, de presas (11), de objeto de abusos (13), a
que fueron sometidas muchas mujeres en los cuatro años que duró la guerra.
Frente a la magnificación de la guerra a cargo de los artistas, GOYA eligió para sus grabados esas imágenes que
conforman la bélica: paisajes desolados, bombardeos (30), muertos, ruinas, heridos (24) que debían
regresar a la lucha (20), y hombres, mujeres o niños enfermos (57), moribundos mendigando por la calle, como ocurrió en
Madrid en 1811-1812 y en otras ciudades.
GOYA, testigo de excepción de la guerra de la Independencia, nos muestra a lo largo de estas láminas una serie de
escenas vivaces, directas, como instantáneas fotográficas que él presenció. Son imágenes concretas como parpadeos
detenidos en su retina (44), (45), que él vierte sobre el cobre con todo su poder de condensación y de síntesis, y en
ocasiones con esa capacidad de ilustrar e informar por sí solas a cerca de las situaciones que conoció y vivió de manera
directa, como el hambre que sufrieron varias ciudades españolas asediadas por las tropas francesas (54), (61).
Las expectativas liberales de GOYA al acabar la guerra se vieron frustradas por la política absolutista de Fernando VII,
lo cual venía a significar la vuelta al pasado. Es decir, después de la guerra:NADA (69). O acaso lo peor: la venganza, el
castigo, , escribe el propio GOYA en uno de sus grabados. Sin embargo, ese
aire pesimista, escéptico (80), acaba por trocarse al final de la serie (82), en un apunte de esperanza.
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