El desconocimiento en la cultura prehispánica de la técnica de la pintura sobre lienzo y el posterior rechazo que la generación de Zachrisson mostró ante esta técnica por entenderla como producto importado por el colonialismo, quizás sean algunas de las razones inconscientes por las que nuestro artista no se decidiera a pintar en lienzo hasta los años ochenta. Sus primeras incursiones en el campo de la pintura datan de mediados de los setenta. Son pinturas realizadas sobre papel que luego pegará al soporte de madera. Si en un principio los resultados pictóricos estaban muy próximos a los conseguidos en el aguafuerte, poco a poco y como resultado de un complicado proceso de mentalización y apropiación anímica de las cualidades del lienzo, Zachrisson ha logrado pintar su mundo de figuras elementales-iconos-signos hecho de color, línea y plano. Los temas que protagonizan esta pintura son los mismos que llenan sus estampas, existe una perfecta simbiosis entre unas y otras imágenes y una constante recreación, al tiempo que se nos revelan diferentes. Como respuesta quizás al mito de la gemelidad tan extendido en las culturas americanas, la existencia de una permite y explica a la otra. Las 24 pinturas que forman parte de esta exposición suponen una auténtica revelación por varias causas: porque son en su mayoría inéditas, porque complementan a la perfección la mirada que Zachrisson ha expresado en su obra gráfica y porque nos permiten adentrarnos en la magia y el misterio, y también en la problemática, del arte actual latinoamericano a través de la personalidad de uno de sus artistas más sinceros.
Chus Tudelilla. Comisaria de la Exposición.


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