La exposición muestra una selección antológica de la obra gráfica, principalmente aguafuerte, desde la llegada a España de Julio Zachrisson, en 1961, hasta la actualidad, con un total de 83 estampas.
Continuador de la mejor tradición gráfica latinoamericana, Julio Zachrisson vió en el grabado el vehículo perfecto para dar salida a su ilimitada capacidad expresiva. Un mundo poblado de imágenes cuya extraordinaria capacidad narrativa se fundamenta en la necesaria llamada de atención sobre aquellos aspectos que amenazan el desarrollo de la cultura contemporánea. A lo largo de su extensa trayectoria no faltan alusiones evidentes a la dictadura franquista, signos que revelan las dificultades de orden social y político por las que atraviesan determinados países o denuncias al continuo colonialismo americano, que no son sino su respuesta a cualquier situación de injusticia. El conocimiento directo de la obra de los grandes muralistas mexicanos y su contacto con la nueva generación de artistas mexicanos que tuvieron en Goya, Quevedo y en los expresionistas alemanes algunas de sus principales fuentes de inspiración, son fundamentales para aproximarmos al contenido y a las soluciones plásticas de su obra. Los violentos clarooscuros de los aguafuertes de Zachrisson dan lugar a una gama casi ilimitada de tonos que van desde los negros más radicales hasta los blancos más nítidos. El dibujo de caligrafía precisa es el encargado de indagar minuciosamente en la personalidad de las imágenes que entran a formar parte de la narración. Clarooscuro y dibujo se convierten, así, en los dos ejes fundamentales de su obra gráfica. A partir de la segunda mitad de los años setenta, se produce un cambio fundamental en la trayectoria de Zachrisson. Cuando ya no es tan urgente la denuncia social y política, el artista se nos desvela en el deseo de recuperar su historia a través de la memoria. Historia y mito explican el sentido último de las imágenes que protagonizan las series de grabados realizadas en los años ochenta. Las figuras pertenecientes a la cultura preshipánica y el poder transformador de la naturaleza, dos de los temas principales de estos años, sufren en los años noventa, un complejo proceso de depuración que las convierte en formas esenciales.


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