Bocetos para la Cúpula Regina Martirum

El 5 de octubre de 1780, Goya presenta al Consejo del Cabildo y Junta de Fábrica de la Basilílica del Pilar de Zaragoza los bocetos para una cúpula de dicha basílica con el tema de la Santísima Virgen maría Reina de los Mártires.

Estos dos bocetos nos permiten gozar de dos piezas bien jugosas de la producción goyesca de la primera mitad de su vida. Ambos están realizados sobre lienzos rectágulares, donde se inscribe en semicírculo la pintura que correspondería a cada una de las mitades que ofecí:a la media naranja a decorar.

Cuando Goya presenta los bocetos, quizás no está todaví seguro de cómo iba a plantear y resolver la decoración de la cúpula. En todo caso los dos bocetos tienen un planteamiento frontal, apasiado y plano, semejante hasta cierto punto a lo planteado en la pintura del Coreto. Y sin embargo, el espacio y superficie que ahora tenía que trabajar era completamente distinto. Goya sabía que debería pasar a un conepto decididamente espacial, étero y no cerrado por arriba. El ajuste de las piezas de este mecanismo era dedicidamente complejo, y en él pudo estar una de las claves de la incomprensión que en el Cabildo suscitó la obra final.

Goya seguramente conocía las cúpulas de Parma, pintadas por Corregio. Pero es también posible que que hubiese superado aquel esquema y se sintiese ahora atraído por la vaporosidad, la deslumbrante iluminación y el claro colorido de las obras de Tiépolo. Goya debió posiblemente plantearse una nueva distribución partiendo de los bocetos pero adapt´dolos a la disposición del espacio de la cúpula. Si el planteamiento era nuevo, en cuanto a la distribución de ls figuras y el espacio, también debía transformarse en una ejecuión diferente y más libre de los grupos y las figuras.

Podemos considerar como principal, entre ambos bocetos, el que muestra a la Virgen rodeada de ángeles, santos y mártires y eclesiásticos aragoneses. El que puede entenderse como complementario presenta a los mártires del pueblo, la milicia, e incluso la infancia, representada por Santo Dominguito de Val.

Ambos son de una bellísima realiaci&ocute;n, sumamente viva. La orquestación del color es perfecta y de habiísima disposición: a los lados de la Virgen -rosa y azul-, un ángel bermellón contrasta con los blancos y roda del otro lado, bajo los cuales San Lorenzo ofrece una mancha intensamente roja, junto a otra santa azul y amarillo, compensando el lado opuesto y estableciendo bien clarmaente el encadenamiento cromático.

Goya no ocultó una ejecución vigorosa y fuertes empastes; los apretados y cargados grumos de color, la pincelada de mancha, que si en ocasiones se barre y alarga, en otras es un simple toque de pincel cargado de materia. Esa t7eacute;cnica es bien claramente goyesca y bien típica de un boceto, como la juzgaron los capitulares, que no contaron sin embargo con que Goya iba a transformar el conjunto definitivo en un monumental boceto, resuelto lejos del estilo afinado y pulido al uso, ni con que la ordenada frontalidad se iba a convertir en la cúpula en rompientos de la arquitectura y en una aparente desorden de los grupos y de las profundidades perspectivas.

Federico Torralba Soriano