La caza constituye actualmente más un deporte que un recurso alimentario, pero para determinadas poblaciones puede constituir una fuente de ingresos nada desdeñable. Una gestión adecuada implica, además, una protección más que una amenaza para la fauna silvestre, pues los propios cazadores son los primeros interesados en la existencia de una fauna abundante y saludable.
Por su gran extensión, por su baja densidad de población, y por la enorme variedad paisajística que encierra, Aragón es un lugar privilegiado para la práctica del deporte de la caza.
La provincia de Huesca presume de poseer uno de los medios naturales más sobresalientes del país. La caza mayor se encuentra generosamente representada con especies como el jabali o el rebeco, que alcanzan aquí la mayor densidad de la península.
La provincia de Zaragoza ofrece, en sus amplias llanura, un terreno ideal para la práctica de la caza menor.
En las serranías de Teruel, agrestes y despobladas, se hallan las reservas de caza de los Montes Universales y los Puertos de Beceite, donde se obtienen capturas de ciervo y cabra montés, que son, a menudo, records nacionales.